Querida Pasión,

 

Me arrodillo y te beso los pies, en reverencia a tu superioridad que ha gobernado mi vida. En nombre de todas las personas que te olvidaron y pensaron que sin tu existencia las cosas aún tendrían sentido.

Confesándote que cometí crímenes ilícitos bajo la intensa sombra de tu vigor, esperándote en callejones sin salida y entorpecida por decisiones equivocadas al llevar tu bandera como un mástil de mis acciones, pero sin un solo remordimiento porque lo hice comprometida por todo el respeto que te tengo. Sin vos todos los caminos serian paraísos inútiles, y el que lo padece, lo sabe. Porque la estructura nunca podrá liberarse sin tu comportamiento interfiriendo como el corazón de una maquina sin descanso. Porque vos más que nadie sabes que sin tu energía no podemos completar el cuerpo que vinimos a habitar dándole un propósito mas elevado que trabajar, procrear y morirnos. Y lo sabes, y sabes que me da más miedo vivir sin pasión que la muerte misma.

Se que tratar de regular la velocidad con la que te alojas, puede llegar a lesionarme en partes que no se como sanar, pero el riesgo que tomo por incluirte en mi vida siempre termina protegiéndome de todas maneras. Porque lo que más nos duele es no haberte tenido, y haber sacrificado un ideal en nombre de tu verdad, que es un grañon salvaje que descansa solo  en movimiento.

Pero me conoces bien, y sabes que yo decidí serte fiel, y no importa quien se golpee al final del túnel vos y yo saldremos ganando. Y tocaremos a la gente con nuestro amor, marcando la diferencia de un accionar que se rige en el origen de este mundo, que te ignora y te suprime como si adorarte fuera un error. 

Y me comí los platos por vos, y discutí con los anestesiados, los imbéciles, los perdidos y los estructurados, y sin embargo con vos respaldándome las batallas nunca fueron inválidas.

Pasión, quiero que sepas que te quiero aunque no me des un pronóstico de mis compartimientos basados en tu lectura. Te quiero porque me levanto todos los días y a pesar de saber de que vivo en un mundo hostil, mirar a través de tus ojos es la calesita por donde respiro, riéndome de todo, volviéndolo a intentar; la experiencia, el lagrimón, la visita, el inalcanzable cuarto de la decepción, las horas que nos quedan, el arte, la música, y a todo lo que le das cuerda para que yo me sienta a escribirte esto.

 

Besos en tu boca, apoyada sobre la mía.

Cuando tenia 18 años me había enamorado de mi odontólogo, bueno, enamorarse a esa edad significa no conocer nada del otro y creer saberlo todo. Esa era yo, pidiendo sobre turnos para las caries más insensatas, limpieza número 35, y consultas de salón. Pero él, en su amabilidad y profesionalismo, me atendía con elegancia, paciencia y 15 años más que yo. Vale decir que es difícil que una Lolita no se salga con la suya. Y así, mes a mes, contaba los días para poder ir al consultorio y tenerlo más cerca de mi cara, tan cerca. Mientras él me miraba la boca, yo le sacaba radiografías a la suya, y con sus manos en la mía, mis ojos sabían más que él de la sensualidad que todo este asunto había creado en mi vívida y desmedida imaginación.

Me tiré varios meses invirtiendo una fortuna en chaparía y pintura con mi querido dentista, pero no soy de las que quieren en silencio, sabía que él estaba soltero y yo tenia que ejecutar un plan maestro para que él me diera una oportunidad. Él era originalmente de Totoras, un pueblo cercano a Rosario, y como mi vecino era de ahí y eran amigos, averigüé su dirección y me llevé a una compañera de la universidad en mi Fiat 600 a dejarle una declaración de amor por escrito debajo de la puerta de su casa— pagaría por ver el maldito contrato en puño y letra.

Se lo tiramos por debajo de su puerta y salimos picando con el Fiat por calle Paraguay por si alguien nos encontraba in fraganti.

Como no tuve más novedades de él, y ya no tenia excusas para arreglarme una pieza dentaria más, a fin de año decidí irme a Totoras a pasarla con toda la familia de mi vecino para poder encontrármelo en algún bar de mala muerte en el pueblo.

Básicamente abandoné a mi propia familia para seguir a un desconocido que probablemente había tirado mi carta en el bote de la basura confundiéndola por un impuesto. Desapegada no, desconsiderada. 

Cuando llegué a Totoras, toda la familia de mi vecino me miró como diciendo, que es esa percha que traes en la mano de la tintorería? Y los miré, y les dije: es mi vestido de graduación, y me lo voy a poner esta noche. Nota al pie: el vestido era largo, violeta, escotado y de una tela para la entrega de los Oscars.

Pero Ceci, me dijo la mamá de mi vecino de 80 años, esta noche se viene una lluvia torrencial, vos estas segura?

Si, estaba segura de que sería la única haciendo el ridículo en un pueblo de 11.000 habitantes, pero tenia que seducirlo, y estas eran mis últimas fichas, un vestido de gala y mis 18 años.

Mis vecinos, que también me llevaban 15 años y eran 4 hermanos, me vieron tan deslumbrada por este señor que a pesar del diluvio me sacaron a la calle con vestido igual, lo juro…eso era El Arca de Noé. Desagües tapados, refucilos, lluvia torcida, viento, y yo, con mis tacos de 5 cms saltando charcos. Me acuerdo de llegar al bar del pueblo y ver a todos con sus pilotines y ojotas, y yo con el vestido más desubicado de la noche, en que coño estaba pensando????? 

Se dan cuenta porque estoy soltera? Porque arranqué con el pie izquierdo y en un pantano en Totoras a los 18 años! Esto no puede haber sido una buena señal.

A pesar de mi predisposición, mi querido odontólogo no estaba en el bar, lo agarré a mi vecino del brazo clavándole las uñas de Ursula y le dije: querido, vamos a la discoteca YA, tenemos que revertir esta catástrofe.

Y así fue como mi vecino y sus hermanos acompañaron a la primera dama a Memory, un boliche local solo para entendidos, bueno, y también para desesperadas como yo.

Después de todo, si las cosas salían mal, quién se podría olvidar de la chica con vestido violeta en año nuevo? Contribución para la charla del pueblo por 20 años más.

Eran las tres de la mañana, había perdido la fe, mi última esperanza era la música, y el disc jockey lo sabía, alguien que entra de largo a Memory, de seguro está esperando un milagro. Lo recuerdo como si fuera hoy, levantando los ojos y mirando hacia la cabina cuando empezaron a pasar un tema de INXS, Beautiful Girl, y de repente lo veo, lo veo entrar sin su uniforme, viniendo directo hacia mis tripas, agarrándome de la cintura para saludarme, mirándome con una sonrisa en los ojos, en gratitud silenciosa por mi carta, y yo más estúpida que nunca pensando que porque me había puesto tacones sabiendo que él era más bajo que yo. Inconquistable.

Pero a él no parecía importarle, convengamos que a pocas cuadras de su casa aparezca una de sus pacientes un 31 de Diciembre, deja poco margen para no sentirse el Dios del verano.

Bailamos, tomamos limonada, me reí sin tener que inventar problemas  con mi incisivo superior derecho, y nos fuimos juntos en su coche a ver el amanecer. Nos besamos, yo en las nubes, él pensando en encontrar lugar para estacionar el coche en el único hotel de Totoras. 

 

—Que??!! A donde estamos?!

— En un hotel Ceci, pensé que era lo que querías.

Al carajo el vestido, la seducción, el romance, la lluvia y mi esfuerzo por no perder el norte y mandarlo a la chingada.

 

— No, te confundiste mal Damian, no entendiste nada.

— Si entendí Ceci, vos crees que yo no sé que esa carta me la escribiste vos? Pero son las 6 de la mañana del primero de año, a donde queres que vayamos? Está todo cerrado.

 

Como verán, las cosas empezaron mal, y terminaron peor, esa mañana nos quedamos en su coche hasta el mediodía y nos pusimos de novio por tres meses. Lo quise mucho, pero entendí que el “enamorarse” de los 18 años puede ser un demonio en contra mano, empezando por la diferencia de edad.

Supe que nunca se casó ni tuvo hijos, y cuando voy a Rosario a veces me lo cruzo y nos acordamos de nuestra breve e intensa historia de amor.

En donde mi vestido largo marcó mas tendencia que Prada, y Totoras quedó como el pueblo en donde se reclutan las estrellas para evitar el ruido de las grandes ciudades.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Finalmente me puedo sentar a escribir sin tener HAMBRE, y sin tener que ver una bolsa de Doritos de queso volando por mi lóbulo frontal segregando saliva y visualizando mis dedos llenos del polvo amarillo más rico del mundo. Lo que estoy tratando de decirles es que por primera vez en mi vida estoy a dieta, no una dieta para bajar de peso, si una para dormir mejor. Tanta comida chatarra nunca puede colaborar con el zarpazo a media noche, el chocolate con almendra y la pizza desfrizada. 

Parte de mi personalidad es informarme de como cambiar mis hábitos nutricionales para que me calmen a la hora de irme a la cama en vez de querer hacer el amor con Netflix y pegarme la desvelada del año.

Buscando por la bibliotecas ancestrales de mis gurues di con la dieta Ayurvedica, una dieta milenaria en donde comer pasa a ser un ritual más que un acto desaforado y primitivo como en el que me encontraba. 

Podes comer solo tres veces al día— desayuno, almuerzo y cena— y la última comida tiene que ser a las 7 de la tarde. Siete de la tarde? Pero a esa hora yo estoy recién subiéndome al auto con una bolsa de patatas fritas y un bastón de muzzarella? Le dije al autor mientras discutía en silencio con la página 43. 

Los platos deben ser reducidos y no podes comer azúcar ni aunque te venga el período dos veces al mes. Como? Y el alfajor importado que me trajeron de Argentina tampoco cuenta? 

Tenes que prepararte la comida en tu casa y no podes salir a cenar al menos por un mes. Goodbye social life!

Te sin cafeína, agua temperatura ambiente, y solamente dos frutas al día. 

Shoot me! Esto al final es más difícil que el celibato, ya que si no veo un potro salvaje agarrándome de la cintura puedo coexistir con mis pasiones del tercer tipo, pero negarse a un helado de chocolate es un crimen. Por donde empiezo? Además de por mi mal humor que hubiera agarrado un whisky y un cigarro incinerando el primer mandamiento.

Esta dieta, además de ayudarte a controlar tus malos hábitos, te obliga a rutinas casi inexistentes en esta era, como por ejemplo sentarte en la mesa, comer despacio, no mirar el celular o la computadora y no tardar menos de 20 minutos en terminar el plato. Vamos, exactamente lo opuesto a mi lifestyle. Yo entiendo, cuando se inventó esta dieta, no existía la tecnología, ni la televisión, y probablemente tampoco la sociedad en general. Ya que cuando uno se junta con amigos, la comida es la gran excusa. Descartando la maldicion de que tengo hambre cada dos horas y este régimen dice que entre comida y comida tenes que esperar al menos 4 horas— las más largas de toda mi vida.

Tu fuego tiene que estar prendido, dice el autor, el fuego del hambre tiene que estar en llamas para cuando te sientes a comer.

Joder, estoy en llamas hace 35 años, come le explico. Mi fuego nunca se apagó señor, de que llama estamos hablando?

Entre la llama sexual y la llama del hambre, y la llama de mi signo lo único que soy es fuego. Creí que la intención acá era justamente calmar esa llama, no esperar a que arda y esté para el cacerolazo desnuda y famélica.

“Y si no te podes aguantar las ganas de comer algo dulce comete un pedacito de chocolate amargo o un chicle sin azúcar” me dice él tan pancho. Primero que no me gusta el chocolate amargo, y a los chicles ya me los como cada dos horas porque soy una obsesiva con el aliento.

He sobrevivido una semana al pie del cañon, pero ese cañon ahora está más cerca del disparo que de la compañía. Ahora entiendo a mi madre y a todas sus amigas cuando hablaban del sacrificio de bajar de peso, y eso que varias están panzonas, como puede uno convivir con un metabolismo lento, imaginándose una lasagna con doble queso, y una figura deportista y bien descansada? IMPOSIBLE.

Salvo que alguien esté por recibir un guantazo, este es un desafío para pocos. Los primeros 4 días mi carácter se transformó en una mezcla de fatiga crónica, irritación, Doritos en primera plana y malas palabras al borde de la lengua a cualquiera que me pidiera la hora. El mantra en mi meditación se ha convertido en una Big Mac voladora que se acerca y se aleja con mi respiración, y eso que no como carne, pero estoy tan muerta de hambre que hasta le entraría a un cadaver. 

El poco trasero que me quedaba para hacerle creer a mis pantalones que una mujer los habita, se ha ido a la chingada. De atrás, un galgo, de frente, una mujer en llamas a punto de patear una puerta y comerse un acantilado.

“Cada dos horas tenes que tomar un te verde para calmar el hambre…” me dice el autor como si estuviera recitando un Salmo, le quisiera decir: si, y detrás de cada sorbo, le puedo mostrar el dedo del medio?

Pero la ordinariez no es mi fuerte, si no más bien la disciplina, y si quedé bien con tantos hombres que quisieron llevarme a la cama y jamás lo permití—véase apartado 8 cuento 322 para referencias—no voy a tirar el taco aguja ahora, que tengo el tesito debajo de la manga, y una banana mala y solitaria para el desayuno. 

Nunca pensé que tenia la capacidad de discutir con una banana, pero ese es mi desayuno señores, La Banana y yo a punto de darnos el sermón.

Y todos se estarán preguntando…y? Estás durmiendo mejor?

ABSOLUTAMENTE, eso sí, me levanto a las 4 de la mañana con un hambre que mis padres estarían orgullosos, pero a no perder la esperanza, ya que me acuesto a las 11, y 5 horas clavadas es lo que dice la Ayurveda. Así que ya saben, si ven la luz de la cocina prendida, es que la gallina salió a picotear temprano.

 

 

 

 

 

 

Siempre la veía salir del edificio anaranjado de la calle Stanhope Road, había algo en esa chica que no encajaba con su telón de fondo. Sin embargo ella se reía y me saludaba como si yo hubiera sido lo mejor de su día, como lo hacía? Como ocultaba a la bestia que vivía detrás de su metro setenta como si pudiera engañarnos a todos con su sonrisa orquestada para amarte y su impecable vestuario. No le creía nada, sin embargo no tenia porque sospechar porque jamás dio pruebas para pensar lo contrario. Nunca supe de que trabajaba, porque entraba y salía de ese rectángulo mil veces, y mil veces me preguntaba lo mismo: como lo hace? Para hacernos creer a todos que vivir es tan fácil y a ella le costó un precio lapidario. Es como si hubiera cogido el maldito plumero y se hubiera sacado los traumas de encima con la velocidad del cambio de estación. 

No es que ella me haya dicho nada, de hecho no sé ni su nombre, pero soy un lobo de otros tiempos, y olfateo el surco de una leona sin tener que devorarme el aliento que me lleva directo a su corazón. Esa mujer tramaba algo, y no podía dejar de mirarla cada vez que cruzaba de acera confundiendo mi discernimiento con su firme saludo de los buenos días. Aparentaba ser más joven que yo, pero tampoco podía adivinarle sus años, porque en mi confusión de creer conocerla, ella no se dejaba ver, la muy zorra sabía que yo quería todo o nada. 

No me interesaba su cuerpo, pero quería su información, que era una violación sin su consentimiento. Había algo roto en su forma de mirar, que se había arreglado con una herramienta que yo desconocía, y se había hecho con una cautelosidad que no se le notaba, y esa era la fiebre que me comía por dentro. A mí, y a todos los que vivían por debajo de la superficie de la estupidez humana.

Pero ella se mezclaba con todos como si fuera parte del núcleo que nos había creado, y nos hacía creer que éramos todos iguales, y sus mentiras estaban desbordando mi necesidad de ver la cruda verdad que habitaba ese cuerpo ligero y distendido.

A veces se recogía el pelo y parecía aún más joven, y otras lo llevaba suelto como si su cabellera larga acariciara mi insaciable cuestionamiento interno sobre su personalidad.

Era difícil no mirar por la ventana cuando ella pasaba, yo era un hombre solitario que no me había tragado las asperezas de este mundo, pero ella tampoco, y había algo que me unía desde el otro polo de sus atributos. Un oscuro silencio de que nos sobrentendíamos sin hablar.

Una delgada linea entre la hipocresía de este mundo que se desmantelaba en los breves minutos que nuestras miradas se entrecruzaban.

Bajando la radio para escuchar los pasos que me galopaban en el centro de mis sentimientos, por donde tantas se quisieron filtrar y se llevaron solamente mis reflexiones.

Yo no significaba nada en su vida, pero me saludaba con el cortejo de un virrey, haciéndome sentir que yo valía más que la moneda que tiré en el aire en las apuestas regionales. A veces hasta sacándose las gafas de sol para que supiera que hacerme sentir bien era importante.

No me sorprendía que estuviera siempre sola, ella quería tu alma, y la gente vive confundida y a los portazos con su intimidad, algo que jamás la hubiera hecho renunciar a la sagrada médula de existir.

No puedo evitar pensar de como llegó hasta acá, porque lamer pisos en nombre del sufrimiento es solo para pocos, y si ella tan solo supiera que yo estoy de su lado, que espero todos los días a encontrarme al menos 5 minutos con el reconocimiento que nos queda al pasar por la vida del otro.

 

Con los miserables cinco minutos que tardan sus pasos en caminar por mi amor propio, dejándome ávido de su atención, que trabaja en forma unidireccional cerrando la cicatriz por donde sangra mi mundo. 

 

Había terminado de tocar el tema de Alice in Chains, y yo solo quería sentarme en el escenario de su falda y meterle la mitad de mi lengua en su boca. Terminando con esa seducción que utilizaba como muletilla para lograr lo que quería. Mi intención no era quedarme con él, pero tenia que finalizar la tensión sexual entre nosotros si quería salir viva de aquel underground. 

El anticipó mi accionar y esperó que la presa fuera a él, pero no estaba para perder el tiempo con alguien que evitaría la intimidad a cualquier precio. Muertos de miedo. Que asco. Si me cruzo con uno más. Especialistas en besarte a medida, maldición. Como recorto y pego el retazo de cada sujeto que fui despedazando en el camino? Tiene que haber uno que esté enterito. No por 50 años, pero al menos 10.

Finalmente pude escaparme mientras él se metía la púa entre los dientes afinando la guitarra para el próximo tema, me dije es ahora o nunca.

Mis tacos marcaron la salida, y logré llegar hasta las escaleras cuando sentí la mano del cordero que me había devorado frente a su audiencia sobre mi cintura. La química es una debilidad del cuerpo que no está entrenada para escuchar otra cosa que no sea la reunión de las células preparadas para fusionarse con su mismo nivel molecular. Me tenia que ir si no quería ser víctima de mi propia genética.

 

— No te vayas, me suplicó.

 

Como si el amor pudiera desdoblarse y de repente cobrar sentido y transformarse en un tipo unánime.

 

— I gotta leave.

 

Mi excusa fue más patética que su manipulación, y los dos nos mentíamos en la cara para no tener que enfrentar nuestros demonios; el mío, la debilidad física, el de él, las rajas de no haber hecho el trabajo y enmendarlo con su arte.

Con la otra mano me agarró la cara, con la delicadeza de alguien que sabe lo que hace, y me empujó contra su cuerpo que en ese punto respiraba hambriento un trozo de mis pasiones más primitivas, y de fondo se empezó a escuchar She Sells Sanctuary de The Cult, y apretó sus labios en mi boca entre abierta por el enojo de no tener la fortaleza de parar algo que iba a 190 por hora. Y el bastardo me besaba como tocando su instrumento en mis tripas, acorde por acorde, pisando la base de mis labios despacio, y mordiéndome con la dulzura de un cachorro que jamás lastimaría lo que más ama, “…and the world drags me down…”,  y mi entorno se desdibuja y el cabron tiene mis viseras en su lengua, bailando su libreto en una silenciosa desesperación de querer huir con mi cuerpo y utilizarlo hasta que me agote de su imbecilidad interfiriendo con la perfección de su erotismo. Que coincide sin dejar ningún borde afuera, salvo nuestras personalidades.

 

— I don’t know how to say this, I really like you.

 

Mientras lo están llamando para volver a tocar y lucirse con los ojos más interminables de mi puñetera existencia. Se acerca por última vez, los dos lo sabemos, esta relación no tiene futuro, pero la química es un acto inconsciente que nos hace pecar por nuestro lado más débil, metiéndome la mano por debajo de mi pelo, enterrando la espina dorsal de nuestro mal entendido y pidiéndome que por favor me vaya con él. 

Y mi fuerza de voluntad me habla tan bajo que odio no poder escucharla, y estoy a punto de cometer el crimen más sexual de la historia, quedarme con su cuerpo entrelazado con el mío por un día y medio y volver a mi casa y preguntarme, que hice? QUE HICE ! 

 

 

 

 

 

Cuando tenia 18 años me había enamorado de mi odontólogo, bueno, enamorarse a esa edad significa no conocer nada del otro y creer saberlo todo. Esa era yo, pidiendo sobre turnos para las caries más insensatas, limpieza número 35, y consultas de salón. Pero él, en su amabilidad y profesionalismo, me atendía con elegancia, paciencia y 15 años más que yo. Vale decir que es difícil que una Lolita no se salga con la suya. Y así, mes a mes, contaba los días para poder ir al consultorio y tenerlo más cerca de mi cara, tan cerca. Mientras él me miraba la boca, yo le sacaba radiografías a la suya, y con sus manos en la mía, mis ojos sabían más que él de la sensualidad que todo este asunto había creado en mi vívida y desmedida imaginación.

Me tiré varios meses invirtiendo una fortuna en chaparía y pintura con mi querido dentista, pero no soy de las que quieren en silencio, sabía que él estaba soltero y yo tenia que ejecutar un plan maestro para que él me diera una oportunidad. Él era originalmente de Totoras, un pueblo cercano a Rosario, y como mi vecino era de ahí y eran amigos, averigüé su dirección y me llevé a una compañera de la universidad en mi Fiat 600 a dejarle una declaración de amor por escrito debajo de la puerta de su casa— pagaría por ver el maldito contrato en puño y letra.

Se lo tiramos por debajo de su puerta y salimos picando con el Fiat por calle Paraguay por si alguien nos encontraba in fraganti.

Como no tuve más novedades de él, y ya no tenia excusas para arreglarme una pieza dentaria más, a fin de año decidí irme a Totoras a pasarla con toda la familia de mi vecino para poder encontrármelo en algún bar de mala muerte en el pueblo.

Básicamente abandoné a mi propia familia para seguir a un desconocido que probablemente había tirado mi carta en el bote de la basura confundiéndola por un impuesto. Desapegada no, desconsiderada. 

Cuando llegué a Totoras, toda la familia de mi vecino me miró como diciendo, que es esa percha que traes en la mano de la tintorería? Y los miré, y les dije: es mi vestido de graduación, y me lo voy a poner esta noche. Nota al pie: el vestido era largo, violeta, escotado y de una tela para la entrega de los Oscars.

Pero Ceci, me dijo la mamá de mi vecino de 80 años, esta noche se viene una lluvia torrencial, vos estas segura?

Si, estaba segura de que sería la única haciendo el ridículo en un pueblo de 11.000 habitantes, pero tenia que seducirlo, y estas eran mis últimas fichas, un vestido de gala y mis 18 años.

Mis vecinos, que también me llevaban 15 años y eran 4 hermanos, me vieron tan deslumbrada por este señor que a pesar del diluvio me sacaron a la calle con vestido igual, lo juro…eso era El Arca de Noé. Desagües tapados, refucilos, lluvia torcida, viento, y yo, con mis tacos de 5 cms saltando charcos. Me acuerdo de llegar al bar del pueblo y ver a todos con sus pilotines y ojotas, y yo con el vestido más desubicado de la noche, en que coño estaba pensando????? 

Se dan cuenta porque estoy soltera? Porque arranqué con el pie izquierdo y en un pantano en Totoras a los 18 años! Esto no puede haber sido una buena señal.

A pesar de mi predisposición, mi querido odontólogo no estaba en el bar, lo agarré a mi vecino del brazo clavándole las uñas de Ursula y le dije: querido, vamos a la discoteca YA, tenemos que revertir esta catástrofe.

Y así fue como mi vecino y sus hermanos acompañaron a la primera dama a Memory, un boliche local solo para entendidos, bueno, y también para desesperadas como yo.

Después de todo, si las cosas salían mal, quién se podría olvidar de la chica con vestido violeta en año nuevo? Contribución para la charla del pueblo por 20 años más.

Eran las tres de la mañana, había perdido la fe, mi última esperanza era la música, y el disc jockey lo sabía, alguien que entra de largo a Memory, de seguro está esperando un milagro. Lo recuerdo como si fuera hoy, levantando los ojos y mirando hacia la cabina cuando empezaron a pasar un tema de INXS, Beautiful Girl, y de repente lo veo, lo veo entrar sin su uniforme, viniendo directo hacia mis tripas, agarrándome de la cintura para saludarme, mirándome con una sonrisa en los ojos, en gratitud silenciosa por mi carta, y yo más estúpida que nunca pensando que porque me había puesto tacones sabiendo que él era más bajo que yo. Inconquistable.

Pero a él no parecía importarle, convengamos que a pocas cuadras de su casa aparezca una de sus pacientes un 31 de Diciembre, deja poco margen para no sentirse el Dios del verano.

Bailamos, tomamos limonada, me reí sin tener que inventar problemas  con mi incisivo superior derecho, y nos fuimos juntos en su coche a ver el amanecer. Nos besamos, yo en las nubes, él pensando en encontrar lugar para estacionar el coche en el único hotel de Totoras. 

 

—Que??!! A donde estamos?!

— En un hotel Ceci, pensé que era lo que querías.

Al carajo el vestido, la seducción, el romance, la lluvia y mi esfuerzo por no perder el norte y mandarlo a la chingada.

 

— No, te confundiste mal Damian, no entendiste nada.

— Si entendí Ceci, vos crees que yo no sé que esa carta me la escribiste vos? Pero son las 6 de la mañana del primero de año, a donde queres que vayamos? Está todo cerrado.

 

Como verán, las cosas empezaron mal, y terminaron peor, esa mañana nos quedamos en su coche hasta el mediodía y nos pusimos de novio por tres meses. Lo quise mucho, pero entendí que el “enamorarse” de los 18 años puede ser un demonio en contra mano, empezando por la diferencia de edad.

Supe que nunca se casó ni tuvo hijos, y cuando voy a Rosario a veces me lo cruzo y nos acordamos de nuestra breve e intensa historia de amor.

En donde mi vestido largo marcó mas tendencia que Prada, y Totoras quedó como el pueblo en donde se reclutan las estrellas para evitar el ruido de las grandes ciudades.

 

 

“Yo te había jurado, que ya no robaría, yo no quería terminar así, no llores nena, no llores más, sé que muy pronto me van a soltar, y volveré a verte…” cantaba Attaque 77, y a la que estaban soltando era a mí, porque si hubieran sabido lo liberador que era respaldar mi indomabilidad con sus temas, tal vez nos hubiéramos hechos amigos, hubiera tenido un noviazgo corto e intenso con Ciro Pertusi, y le hubiera dicho con la dulzura que me avala que cantaba como un perro, pero un perro especial al que te queres llevar a la cama todas las noches. El tipo era lindo, y lo sabía, y su punk retro nos hacía celebrar los tres acordes que se repetían una y otra vez de canción en canción, apoyando su pierna en el bafle y mordiendo el micrófono seduciendo a todas las adolescentes como yo que hubieran entregado el uniforme escolar para besarlo.

Me acuerdo que a uno de los recitales tuve que ir con un yeso en el tobillo, jugando al hockey me fisuré el hueso, y como quería estar cerca de la estrella de rock, el pogo de quinceañeros me jaló y terminé moretoneada y golpeada en el medio de la pista fisurándome el segundo dedo del pie, la que se puso contenta fue mi mamá, que tuvo que explicarle al médico dos veces en la misma semana que tenia una hija con problemas de hiperactividad. Me acuerdo que el médico me guiño el ojo para aflojar la tensión de mi madre, pero la que tuvo que convivir con ella, la bolsa de plástico, y la cinta aisladora por 20 días fui yo.

Además porque el pisotón del punkito hizo que se me cayera la uña y se genere una infección. Entonces al terminar mi terapia de vendajes, el médico le puso la cereza a la torta y le dijo a mi mamá: señora, no pasa nada, acá lo único importante es que esa infección no crezca si no vamos a tener que cortarle el pie.

Un carismático para la foto en el parque. Acaso no veía la neurosis de mi madre a punto de cancelarme futuros recitales????

Una batalla perdida, 20 días sin salir y sin hacer deporte a mis 17 años era como si me hubieran sacado la heroína sin enviarme a rehabilitación. 

Las cosas empezaron a implorar, y mi habitación se convirtió en un habitáculo de grafitis, biromes mordidas, muñecos sin ojos, cartas de suicidio en el yeso, y un teléfono que ardía de llamadas telefónicas hacia el exterior de mi sub-mundo.

Debo confesar que esta banda tenia algo, ya que hasta mi hermana—que escuchaba Enya y Cher y no sabía nada de música— era fanática de ellos.

Creo que creciendo junto a ella fue lo único que tuvimos en común, El Cielo Puede Esperar. Que fue el nombre del primer album que desató mi psicosis encontrando un outlet para contener mi desobediente carácter. 

“Todas las promesas de mi amor se irán contigo, porque te vas, porque te vaaaaaaas….y en una estación te lloraré igual que un niño, porque te vas, porque te vas…” y yo sentía que Ciro me había escrito esta canción cuando se enteró de mi episodio con la sala de emergencias. 

Y mientras las chicas venían a casa y lucían su arte sobre el canvas de mi yeso elevado en un almohadón, yo me quejaba por haber nacido, como si este evento hubiera sido el más dramático de mis jóvenes años. Escarbándome la piel con agujas de tejer por la irritación que la gasa me causaba. Que épocas aquellas, a las que no quisiera volver, pero que me traen tantos recuerdos de como no entendía un chingo de la vida y mi energía desbordada no encontraba un canal que no sonara en diferido.

Que no sonara como Ciro, cuando me cantaba “Hacelo por Mí”, y yo me hubiera tirado del balcón de la calle Cochabamba cumpliendo con dos misiones: escapar de mi madre, y reunirme a consumar el único amor que me quedaba después de haberme roto dos huesos en una semana.

El dilema conmigo cambiaba de escalafón de semana a semana, la lista era algo así:

 

— Robó las llaves de la casa del campo.

— Robó las llaves del auto.

— Rompió los vidrios de la habitación con el palo de hockey.

— Fasificó las llaves del candado del teléfono y le explicó a una vecina como hacerlo y la vecina le contó a su madre.

— La echaron del colegio y no hay bancas disponibles a mitad de año.

— Se llevó Matemáticas a Marzo 5 años consecutivos.

— Truchó todas las libretas escolares.

— Le tiró un zapato Kickers a la directora del primer colegio privado que asistió.

— Y la frase que hizo que se fuera a vivir a una pension por tres días: Señora, su hija no tiene remedio.

 

Attaque 77 con sus letras resumió mi existencia, y no quererlos hubiera sido un error, porque una cosa es que te salven de una cuenta de teléfono con cifras desorbitadas, y otra muy distinta es que te salven el alma del regimiento de pecados y de comportamientos para el juicio final: El discurso de tus padres.

 

 

 

Doce y media del mediodía, salgo de mi sesión de hypnosis y estoy entre dormida, volviendo de un viaje astral, dándole un abrazo a mi abuela en el cielo, y visitando mi vida número 1050. Demasiada información para reconectar con el planeta tierra sin sentirme en diferido. 

Llego a casa, y es tanto el cansancio que me tiro a dormir la siesta, dos horas y media, fecha record.

Me levanto, y me hago un omelette hecho por mi único talento en la cocina, los huevos revueltos. 

Me pongo mis calzas deportivas con olor a chinche verde y me voy a caminar. No quiero andar en bicicleta los días que salgo de mi sesión porque ya revivo mi accidente en el consultorio, no necesito otro cachetazo por la tarde.

Voy caminando respirando el aire fresco del verano y debatiendo si me llevo una valija o dos a Italia, mientras discuto conmigo misma sobre viajar liviana o no, un señor pasa en su choche y me dice algo, como voy con la música a todo volumen no tengo ni pajonera idea si me dice que soy linda o que se me cayeron las llaves en la esquina. Lo cierto es que este hombre no era uno de mi calibre, así que seguí con mis auriculares como si hubiera visto un cuervo parado en un cable de la luz.

A los 10 minutos se pega la vuelta y estaciona, se baja y me enfrenta.

 

—Hola! Tenia que bajarme a pedirte tu número de teléfono porque sos hermosa.

—Llegaste tarde cariño, mi novio lo tiene desde hace cuatro años, y el año próximo nos casamos. 

 

Estaba segura de que con la palabra “casamiento” lo había exterminado, pero el muy desesperado insistió.

 

—Pero como es posible? Yo no veo anillo de compromiso en esa mano.

—Disculpame, no te conozco y ya me estas juzgando de mentirosa, muy feo te queda. Perdoname, pero estoy haciendo ejercicio, chau.

 

Que bárbaro! Bueh, en donde estaba…Italia, volvamos. 

Cuando me concentro nuevamente me llega un correo electrónico, y sin abrirlo veo a través del visor de mi celular una bandera británica y una invitación. Abro el mail y es un joven apuesto de la ciudad de Londres que me está contactando a través de una página web de expatriados que estoy inscripta.

No solo que su cuerpito es de mi ciudad natal, si no que además se llama Oliver, o Ollie, como más te guste. Cuando le estoy por dar un beso a la pantalla de mi teléfono sin que nadie sepa de mis secretos con Inglaterra, veo que me escribe en español, nah, encima bilingüe? Y cuando leo en detalles me escribe en español ARGENTINO! No, esto tiene que ser una broma chaqueña de algún infiltrado.

Le contesto en inglés, y desesperadamente le doy mi número de teléfono.

No espero ni que me llame, con que mi nombre esté agendado en sus contactos me siento que estoy en Piccadilly Circus tomada de su mano.

Para mi pre-infarto, me cuenta en un audio grabado que vivió en Argentina 3 meses y que ama mi cultura. Yo le quería decir que yo lo amaba a él, pero no me atrevía a asustarlo. Su voz con acento británico me llevo al trance directo sin tener que pagar $300 ni tirarme en una camilla y que me cuenten hasta 10. 

M-E   E-S-T-O-Y   M-U-R-I-E-N-D-O   D-E   A-M-O-R. Es posible que un acento te mate? Necesito que alguien me resucite, podrá hacerlo la misma persona que me mató?

Hablamos por dos horas, es del signo de Tauro, no estoy muy contenta con su horóscopo, pero eso sería como no perdonarle el día que nació. Lo dejo pasar. Me invita a salir el sábado por la tarde, y es tan caballero que elige un lugar donde hacen empanadas argentinas caseras. Lo tengo clarísimo, lo único que yo voy a cenar va a ser a su persona. 

Me dijo que no sintiera ningún tipo de presión y que si el lugar no me gustaba, el podía elegir otro. Como le explico a un extraño que con solo hablarme me siento la mujer mas arrinconada del mundo.

 

— Querido, si me siento presionada por que elijas comerte unas empanadas conmigo entonces estoy bien jodida.

 

— Ja ja, ok, perdón entonces.

 

— Ningún perdón, me debes un monólogo de 45 minutos en inglés.

 

Yo no se si la terapia de hypnosis que empecé hace dos semanas atrás está destapando las cañerías de los chacras, pero de seguro que revolver en mis vidas pasadas ha traído una de mis mayores debilidades, el maldito acento británico. 

 

— Cecilia, I am fascinated by your story, I want to hear more.

Me dice con su boca cerrada y elegante como si lo más importante de su vida fueran mis pinches idas y vueltas por el mundo.

Por supuesto que ataqué las redes sociales para averiguar que no fuera un terrorista, pero francamente lo hice más por impulso que por legitimidad.

Voy a ir con cautela, pero si me dice que nos vayamos a vivir a Notting Hill la semana próxima tendré que decirle adios a San Francisco por un rato, al menos hasta comprobar que mis ancestros no me esten jugando una mala pasada.

Gauchos, deséenme suerte, no todos los días uno come una empanada Argentina en San Francisco con un Inglés.

Cheers!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cita número 8.335.6224 . Temo salir a la calle y que de cada 10 personas 5 se hayan tomado un cafe conmigo. El dating en San Francisco es algo serio, después de un cierto porcentaje de candidatos conoces al primo del hermano del vecino de tu cita y todo comienza a ser una gran familia. Entonces al salir, muchas de las caras te suenan familiar, y las conversaciones con tus amigas terminan en algo así: Che…lo ves a ese tipo apoyado en la barra con una campera negra, no le ves cara conocida? Por lo que tu amiga con suerte responde no, o dicen lo que no queres escuchar: Ay si nena, ese tipo está en uno de los perfiles de un sitio web y además salió con la amiga de Sofia y según Sofia ella lo dejó porque era un desastre en la cama.

Como verán, no solo información es lo que predomina en nuestra querida ciudad, sino lujo y detalle.

No quiero discutirle a mi circulo de encarnaciones, pero algo debo estar trayendo de otra vida para haber entrevistado a tantos candidatos y no haber podido encontrar un cierto hilo de coherencia en ninguno de ellos.

Habré sido una mala tipa? No se suponía que la meditación aceleraba los procesos karmaticos y ya que está me ahorraba un par de dolores de cabeza? 

However, no puedo echarle la culpa a nadie ya que la ley de atracción dice que uno atrae lo semejante, y yo atraje al mismísimo Paramahansa Yogananda. Tan orgullosa me sentía yo de dar finalmente con alguien al cual le rezo todas las noches! Yo pedía un ser espiritual, pero la vida tan generosa me lo mandó directamente al autor de “Autobiografías de un Yogui”. Digamos Paramahansa no es mi cup of tea francamente, pero lo vengo siguiendo hace tantos años que dar con el en persona era como un broche de oro a tanta cita para el suicidio.

Lo vi en una de esas aplicaciones para conocer a tu alma gemela que en realidad la mitad vienen de un divorcio reciente, la otra mitad de un complejo de edipo y el resto está en una relación abierta. De igual formas lo ví tan idéntico a mi Gurú que no pude pasarlo por alto. Conectamos en el acto y me llamó en el acto y a pesar de su acento indu llegamos a concretar una verdadera cita en persona y todo.

Francamente fui bastante desganada a la cita, porque vamos a enfrentarlo, por mucho que se pareciera a mi querido guru, si nos encontrábamos en un restaurante cerca de mi casa y el estaba manejando un mini Cooper de seguro que no era el. Pero las cartas ya estaban echadas y mi perfume también y decidí hacerle frente a mi soltería una vez mas.

Cuando me vio me dijo: Wow, sos realmente hermosa, no se que haces acá conmigo.

Que humilde pensé, me gusta. Yo no le pude decir lo mismo porque realmente a mi parecer no era lindo, pero tenia un halo de misterio, claro…lo que yo no sabia en ese momento era que ese misterio era una vida paralela.

Se pidió una pizza con semillas de granadina, cosas del Bay Area, yo encantada con la improvisación mordí el primer bocado y me partí un pedazo de la paleta en su cara. Vergüenza es poco. Tendría que haber tomado esto como una señal pero lo pasé por alto y me dejé entretener por este anfitrión profesional que me agarraba la mano y me decía cosas como: hace 4 años que estoy soltero y finalmente encuentro a alguien como yo. Que charming, el era todo un seductor guíonado que me compró con una facilidad discursiva que daba pena. Y yo, tan flojita y deslumbrada por la semejanza con mi guru. Lección numero uno, las comparaciones son siempre peligrosas. Después se tomó una botella entera de vino tinto, lección numero dos, no prejuzgar. 

Acto seguido me llevó a mi coche con su auto porque llovía torrencialmente, y al subirme al mismo tenia pegado con silicona un santo de la India en el tablero. Que puede salir mal?! Encima protegido por el pinche santo!

Me abrazó sin soltarme y pensé, que romántico! Que se suponía que debía hacer? Desconfiar de un abrazo?

Esta es mi naturaleza, creer en la gente.

Me volví a mi casa y durante 8 días me escribió 143 mensajes de textos seguidos por fotografías, flores electrónicas, iconos de una pareja besándose, un bebe acariciando un perrito, y todo lo relacionado con el amor virtual. Un mundo desconocido para mi descripción de “encuentro”.

Segunda cita después de 15 días, otra botella de vino sumada a un licor después del postre. Me declara las cosas mas intimas y personales de su infancia y seguido a esto me pregunta cual es mi ideal de pareja una vez que una relación es estable. Terminamos de cenar y nos fuimos a caminar por la bahía, me agarra de la mano y me dice que el sabe que yo soy su Soul Mate. Yo me río porque a mi me esta llevando casi media vida encontrarlo y este en dos citas ya lo sabe, pero quien soy para discutirle. Mi hermana me dice que cuando lo conoció a su segundo marido también lo supo en el acto. Y todo este saber en el acto me está poniendo nerviosa porque a mi no me pasa lo que a toda la gente le pasa en el acto. 

Para mi el amor entre dos personas es un proceso y lo único que me sucede en el acto es pegar un salto cuando estoy dormida porque alguien semi borracho me textea a la medianoche! Así terminó mi cita con Paramahansa, en donde empezó, en el teléfono.

Me sentí una afortunada pensando que al menos fui el alma gemela de alguien por un mes. 

Mi alma gemela de momento sigue siendo mi tarjeta de crédito que sigo explotando incondicionalmente, mis películas de clase B con finales felices y mis libros de cabecera que me acompañan mientras tomo sol en algún parque de la ciudad mas linda del mundo.

Y si esto es parte del karma, entonces a lo mejor no está tan mal, quien dice que el año próximo no me caso conmigo misma y se arma la fiesta del año? Un abrazo panda para todos!

 

 

 

 

 

 

 

 

Es difícil no perder el poder personal, el mundo está basado en un patriarcado, y esto afecta tanto a hombres como a mujeres. No hablo solamente de la jerarquía en el hogar, si no del sistema. El patriarcado no permite que exista el balance entre lo femenino y lo masculino, y todo desequilibrio tiene una consecuencia, el desencuentro con nosotros mismos y con el otro.

No aprendimos a honrar nuestras polaridades que hacen que nos relacionemos con el sexo opuesto de una manera natural, en vez de tener que defendernos como guerreros de otro genero apaleando lo que no es familiar. Acusando al otro de ser muy lógico o muy sensible en vez de buscar las partes nuestras debilitadas por no darle la atención que necesitaban para poder nutrir los componentes en nosotros mismos que no generaran división. No le dimos de comer al lobo que nos protege de la locura, el lobo que todos llevamos adentro. La criatura salvaje que opera a un nivel instintivo y nos avisa del peligro, de la locura, del ego.

Entonces los patrones después de un tiempo no funcionan, y el error patina sobre la misma base, y nos preguntamos que salió mal esta vez.

Caminando mil veces sobre la misma falla, intentando remediar lo femenino en nosotros, para cerrar esa brecha que nos corroe y nos desiguala. Y como si fuera poco después buscamos compañeros de vida que sufren del mismo desequilibrio terminando en un abuso por alguna de las partes. Este es el problema con el descuido de lo femenino y lo masculino, que la relación termina en un abuso o en una sumisión.

Cuando predomina una de las partes y no se desarrolla el potencial de una persona en sus dos aspectos, toma un camino o el otro, y alguien tiene que ceder, y en este ceder alguien negocia con perder. Sea perder de sentirnos identificados con lo mas intimo que somos, o sea perder el valor que nos mantiene libres e independientes. Por eso no creo en los complementos, si no mas bien en la suma de las partes, y en donde la gente dice que los polos opuestos se atraen, yo veo una amenaza para el espíritu, que busca unidad e identificación con el otro.

Queremos vivir una vida tecnológicamente moderna y aun somos criaturas primitivas que no damos lugar a la expansión de nuestros géneros, y como si fuera poco pretendemos encontrar a otro que complemente el trabajo que significa amigarnos con nuestro sistema binario.

El hombre que llora es condenado, la mujer que mantiene a la familia es juzgada. Sea porque llorar es una cualidad femenina o porque mantener a una familia una cualidad masculina, ambas sufren por la dictaminación de un sistema que no favorece a la evolución.

Porque créanme en esta, la división de la especie es mas fácil de manejar que la union de la misma. Creer que un hombre es mas fuerte que una mujer o viceversa solo nos debilita y nos separa, creando un puente imposible de cruzar, porque al no haber intersección no hay flujo de intercambio, y si no hay intercambio entonces solo hay poder.

Y el poder nos está aburriendo a todos, el hombre desea estar con otras mujeres, y las mujeres están cansadas de no ser entendidas, y entre todos nos echamos la culpa y de nuestra boca salen barbaridades y declaraciones hacia el sexo opuesto como si uno fuera mejor que el otro.

Cedemos nuestro poder personal hacia la persona equivocada porque no buceamos en nuestro interior desenterrando al pobre espíritu que está hasta las narices de la misma película una y otra vez. 

 

Cuando dejemos de repetir y empecemos a investigar, y sobre todo cuando hagamos algo al respecto, entonces nuestros hemisferios se unirán y a eso yo llamo verdadero poder. El poder de haber logrado un engranaje entre dos mundos paralelos. El poder de ser de dos mundos pero habitar en uno. El poder de no necesitar a alguien que nos complete porque somos íntegros. El poder de honrar nuestros sentimientos sin que tengan que ser aprobados por otros. El poder de vivir una vida libre de opiniones, ejecutando desde el amor que abandonamos por creer en todas las historias que nos contaron. Que la libertad de nuestro espíritu gobierne nuestros actos y que la cadena perpetua de nuestra mente nos libere de una buena vez por todas de toda la basura de la desigualdad de genero que solo nos está comiendo vivos, en una cena corporativa y lujosa sin dejar lugar a que entre la luz que nos trajo a este mundo, para que viviéramos el potencial de todo lo que somos, y que descubramos que la diferencia solo nos ha alejado de la felicidad que tanto buscamos en otros y en nosotros mismos.

Querido 2017:

 

No puedo decir que fue un mal año; estuve cerca de ser auto-explotada con el monóxido de carbono en mi departamento, descubrí una veta de carpintera en mi agenda, me lee más gente de la que yo pienso, y las remodelaciones en la calle Chestnut están favoreciendo mis prácticas sobre la Red Carpet para cuando venga una brigada de Santo Domingo y me patee el trasero hasta echarme del vecindario. Terminaré en la calle, pero sobre la alfombra roja. 

Este año he pedido más disculpas que por favor, y de pasear en barco en el mediterráneo y ser la diosa de altamar, terminé emparchando distancias y enmendando sentimientos a 10.000 kms de distancia.

Perdí una buena amiga por mencionar nuestro diálogo en uno de mis relatos, y la tuve que desfacebookear a mi hermana para que no destape la olla de rencores de nuestra infancia.

Me divorcié de una amigo, y tuve que acercarme a pedirle perdón por haber firmado los papeles sin su consentimiento, la conocí a mi sobrina, y viajamos en trenes y aviones con Jamie Lynn robando asientos y monitoreando el corte Italiano con radiografías de categoría que alimentaron nuestras vacaciones.

La consolé a mi mamá cuando me dijo que no puede ser que sus hijas vivan en diferentes continentes, y discutí con mi seguro del coche cuando me aumentaron la póliza por un falso punto en la licencia.

No falté a un solo evento laboral y social, y me hice la linda más de la cuenta morreandome con algún desconocido que no merecía mi amor.

Me tiré de la tarima del Cat Club haciendo la tijereta con ACDC, y festejé mi cumpleaños a lo grande con personas como Jamie que manejó de Los Angeles para estar conmigo.

Me recuperé de mi accidente en bicicleta en su totalidad, y la fatiga crónica del mismo me ayudó a escribir todas estas historias que trajeron menos amigos que dinero. Quedaron solamente los guerreros, los incapaces de sentirse ofendidos por mi persona porque su amor es más grande que su Ego.

Regalé 15 pares de zapatos y 3 bolsones de ropa, nunca escuché la palabra on-line dating, y a partir de hoy tengo un horno nuevo. 

Habré perdido mucho gas y gente el camino, pero sigo viva echada en mi zebra que me contiene mientras escribo.

No será el mejor año de mi vida, pero volver a la pistas sin un raspón dicta mucho de la tenacidad de mi abuela que después de 13 años de haber partido me sigue cuidando para que no me dinamite sin querer.

No soy de hacer un balance de mi año, sobre todo porque el debe y el haber fueron dos entidades confusas que hicieron que nos enfrentemos todos los veranos con profesores particulares y gestiones con las entidades privadas. Pero si debería ponerle un número a este año, podría decir un 7,50. No le doy el 8 porque mi casa frente al mar sigue en construcción en la mente del Universo. 

Me habré equivocado con la forma de expresar mi sentido del humor a través de un texto, pero hasta donde yo sé, nadie murió por un par de balazos literarios.

Tengo salud, alegría, juanetes, y nariz de sobra, y si eso no es ser especial, entonces tendré que esperar a que este año de el giro y serruche un par de atajos que me lleven a la cima.

No pido acompañantes, ya que estoy un poco cansada de pisar cáscara de huevo con la sensibilidad de la gente, pero si alguien quiere hacerme la gauchada y venir sin equipaje, están invitados.

Llevo frutas, nueces, agua, y un mosquete. Tolero muertos de hambre, pero no vacíos de amor.

El que me sigue tendrá que ser un tipo ligero, profundo, compasivo, divertido, y con un alto grado de despreocupación. Puedo cuidar de los distraídos, pero jamás de los ofendidos.

2017, fuiste un año justo, y si te tuviera enfrente te daría un abrazo, te diría que tenes un pedazo de rúcula en el diente, y que la próxima seas más cuidadoso a la hora de mirarte al espejo. 

Me iría dándote un beso en la boca que durara hasta fin de año, y amanecería con vos en un 2018 bajo el frío nival del invierno, debajo del nórdico, solo vos y yo acariciando un nuevo capitulo de Netflix.

Diciéndote: no me esperes, dale PLAY que esa parte ya la vi, mientras voy a la cocina a buscar el popcorn y seguimos amándonos hasta que se repitan los ciclos y nos volvamos a encontrar.

 

Gracias 2017, te debo una!