Finalmente me puedo sentar a escribir sin tener HAMBRE, y sin tener que ver una bolsa de Doritos de queso volando por mi lóbulo frontal segregando saliva y visualizando mis dedos llenos del polvo amarillo más rico del mundo. Lo que estoy tratando de decirles es que por primera vez en mi vida estoy a dieta, no una dieta para bajar de peso, si una para dormir mejor. Tanta comida chatarra nunca puede colaborar con el zarpazo a media noche, el chocolate con almendra y la pizza desfrizada. 

Parte de mi personalidad es informarme de como cambiar mis hábitos nutricionales para que me calmen a la hora de irme a la cama en vez de querer hacer el amor con Netflix y pegarme la desvelada del año.

Buscando por la bibliotecas ancestrales de mis gurues di con la dieta Ayurvedica, una dieta milenaria en donde comer pasa a ser un ritual más que un acto desaforado y primitivo como en el que me encontraba. 

Podes comer solo tres veces al día— desayuno, almuerzo y cena— y la última comida tiene que ser a las 7 de la tarde. Siete de la tarde? Pero a esa hora yo estoy recién subiéndome al auto con una bolsa de patatas fritas y un bastón de muzzarella? Le dije al autor mientras discutía en silencio con la página 43. 

Los platos deben ser reducidos y no podes comer azúcar ni aunque te venga el período dos veces al mes. Como? Y el alfajor importado que me trajeron de Argentina tampoco cuenta? 

Tenes que prepararte la comida en tu casa y no podes salir a cenar al menos por un mes. Goodbye social life!

Te sin cafeína, agua temperatura ambiente, y solamente dos frutas al día. 

Shoot me! Esto al final es más difícil que el celibato, ya que si no veo un potro salvaje agarrándome de la cintura puedo coexistir con mis pasiones del tercer tipo, pero negarse a un helado de chocolate es un crimen. Por donde empiezo? Además de por mi mal humor que hubiera agarrado un whisky y un cigarro incinerando el primer mandamiento.

Esta dieta, además de ayudarte a controlar tus malos hábitos, te obliga a rutinas casi inexistentes en esta era, como por ejemplo sentarte en la mesa, comer despacio, no mirar el celular o la computadora y no tardar menos de 20 minutos en terminar el plato. Vamos, exactamente lo opuesto a mi lifestyle. Yo entiendo, cuando se inventó esta dieta, no existía la tecnología, ni la televisión, y probablemente tampoco la sociedad en general. Ya que cuando uno se junta con amigos, la comida es la gran excusa. Descartando la maldicion de que tengo hambre cada dos horas y este régimen dice que entre comida y comida tenes que esperar al menos 4 horas— las más largas de toda mi vida.

Tu fuego tiene que estar prendido, dice el autor, el fuego del hambre tiene que estar en llamas para cuando te sientes a comer.

Joder, estoy en llamas hace 35 años, come le explico. Mi fuego nunca se apagó señor, de que llama estamos hablando?

Entre la llama sexual y la llama del hambre, y la llama de mi signo lo único que soy es fuego. Creí que la intención acá era justamente calmar esa llama, no esperar a que arda y esté para el cacerolazo desnuda y famélica.

“Y si no te podes aguantar las ganas de comer algo dulce comete un pedacito de chocolate amargo o un chicle sin azúcar” me dice él tan pancho. Primero que no me gusta el chocolate amargo, y a los chicles ya me los como cada dos horas porque soy una obsesiva con el aliento.

He sobrevivido una semana al pie del cañon, pero ese cañon ahora está más cerca del disparo que de la compañía. Ahora entiendo a mi madre y a todas sus amigas cuando hablaban del sacrificio de bajar de peso, y eso que varias están panzonas, como puede uno convivir con un metabolismo lento, imaginándose una lasagna con doble queso, y una figura deportista y bien descansada? IMPOSIBLE.

Salvo que alguien esté por recibir un guantazo, este es un desafío para pocos. Los primeros 4 días mi carácter se transformó en una mezcla de fatiga crónica, irritación, Doritos en primera plana y malas palabras al borde de la lengua a cualquiera que me pidiera la hora. El mantra en mi meditación se ha convertido en una Big Mac voladora que se acerca y se aleja con mi respiración, y eso que no como carne, pero estoy tan muerta de hambre que hasta le entraría a un cadaver. 

El poco trasero que me quedaba para hacerle creer a mis pantalones que una mujer los habita, se ha ido a la chingada. De atrás, un galgo, de frente, una mujer en llamas a punto de patear una puerta y comerse un acantilado.

“Cada dos horas tenes que tomar un te verde para calmar el hambre…” me dice el autor como si estuviera recitando un Salmo, le quisiera decir: si, y detrás de cada sorbo, le puedo mostrar el dedo del medio?

Pero la ordinariez no es mi fuerte, si no más bien la disciplina, y si quedé bien con tantos hombres que quisieron llevarme a la cama y jamás lo permití—véase apartado 8 cuento 322 para referencias—no voy a tirar el taco aguja ahora, que tengo el tesito debajo de la manga, y una banana mala y solitaria para el desayuno. 

Nunca pensé que tenia la capacidad de discutir con una banana, pero ese es mi desayuno señores, La Banana y yo a punto de darnos el sermón.

Y todos se estarán preguntando…y? Estás durmiendo mejor?

ABSOLUTAMENTE, eso sí, me levanto a las 4 de la mañana con un hambre que mis padres estarían orgullosos, pero a no perder la esperanza, ya que me acuesto a las 11, y 5 horas clavadas es lo que dice la Ayurveda. Así que ya saben, si ven la luz de la cocina prendida, es que la gallina salió a picotear temprano.